por Damak el Mié Abr 04, 2007 12:49 pm
La luz, del ocaso se filtraba a través de la ventana de la amplia camara del castillo bañando con suavidad las librerías de ébano que ocupaban todas las paredes... Antiquisimos volumenes, manuscritos y transcripciones se apiñan por doquier dotando al lugar de un olor a tiempos remotos. Desde el lugar se pueden ver las montañas y los bosques, que iluminados con los colores violaceos y naranjas en la bruma produce una visión onírica, de extrema belleza y quietud. En el centro de la cámara un enorme escritorio de caoba se alza sobre la mullida alfombra azul lapislázuli ribeteada en oro y plata, y rodeado de textos ininteligibles sobre una gran butaca se encuentra el Consejero, divagando a través del éter sobre la pureza del alma...
(toc, toc, toc) Resuena una llamada en la gigantesca puerta de roble labrada.
::dry::? - Interrumpido, el consejero ataviado con una túnica de terciopelo negro y bordado en el pecho una cruz de santiago roja dijo: Adelante, si necesitas consejo, entra y expon tu caso...