por Takahara el Lun Jul 24, 2006 9:24 pm
Cuando el escape fue la solución.
Cuando llegamos a la municipalidad, vimos que ya había gente reclamándole al intendente alguna respuesta. El intendente hizo que su vocero diga que él es solo un hombre y que podía hacer nada por ellos. Es entonces cuando me doy cuenta de que la ciudad se transformará en una jungla. Lo miro al Padre, pero el esta tan perplejo como yo, sin ninguna respuesta a miles de interrogantes. Luego de charlarlo decidimos avanzare intentar juntar gente para iniciar una peregrinación hacia el norte, donde nos reuniríamos para viajar hasta México, y descansar allí por el resto de nuestras vidas. Con esto dicho, se entiende que dimos por perdida a nuestra patria, y que la única regla era la supervivencia. El Padre Alfonso junto a todos los fieles que pudo para convocarlos en nuestra peregrinación, y yo llamé a los amigos que me quedaron de la escuela, o que había conocido en algún bar. Arreglamos para reunirnos en la Iglesia, pues allí sería el punto de partida hacia el Gran Buenos Aires. Cuando todos estuvimos presentes, me dispuse a saludar uno por uno a todos los que habían venido. Primero que todo salude a mi mejor amigo Germán Oscuchi. Él trabaja en una biblioteca, tiene 19 años y es muy inteligente. Después salude a Marta Paelosqui, farmacéutica de la farmacia Trelew, tiene 17 años y es muy bonita. Por último salude a Pablo Croces, soldado retirado, 21 años. Lo conocí en el servicio militar, pero yo decidí irme y el se quedó. Esos son mis únicos amigos, aparte del Padre Alfonso, que es amigo de toda la comunidad. Luego de sentarme para escuchar las palabras de los organizadores de la peregrinación, charle con Germán, Marta y Pablo acerca de cómo deberíamos viajar. Según lo que dijeron, avanzaremos en caravana y haremos paradas intermedias para cambiar de conductores y descansar. Yo propuse que vallamos todos en mi auto, pero Pablo nos dijo que él conseguiría una camioneta para que además de viajar todos juntos, podamos llevar mas cosas de las que entrarían en un auto. Todos asentimos, aunque en realidad yo lo que quería era no tener que dejar mi auto aquí, para que unos drogaditos lo destruyan en su locura.