por Che Malvatyan el Vie Mar 31, 2006 5:27 am
Me lo enseñaron en el colegio, igual que a usted. Y, aunque me lo repitieron miles de veces, como a usted, y aún hoy lo siguen repitiendo, siempre pensé que era una mentira. ¿Usted no?
Me dijeron que Colón descubrió América por error, mientras buscaba una ruta alternativa hacia la India.
Me enseñaron que Colón pensó, al llegar a las Antillas, que efectivamente había llegado a la India. Me dijeron que nunca se enteró de que estaba en América, que nunca se dio cuenta de las diferencias étnicas, lingüísticas y culturales entre los indígenas americanos y los indios asiáticos, e insistieron en que el pobre Colón murió en Valladolid, ignorante de que había descubierto un nuevo continente.
¿Es posible que un navegante genial, que un aventurero experto haya caído en semejante error? En pocas palabras: ¿es verdad o mentira que Colón nunca supo que había descubierto América?
A lo largo de este artículo demostraremos que es mentira. Colón descubrió América porque sabía perfectamente que entre Europa y Asia había una gigantesca masa de tierra. Colón fue a América para ir a América, no a la India.
¿Puede demostrarse científicamente mi afirmación anterior? Creemos que sí, y lo intentaremos seriamente.
La clave para desentrañar este problema no se encuentra en América, ni en España, ni siquiera en Génova, donde supuestamente nació el almirante. Está un poco más lejos, en la ciudad turca de Estambul.
A principios del siglo XVII fueron encontrados en el Palacio Topkapi, en Estambul, Turquía, unos mapas antiguos, del siglo XVI, que habían pertenecido a un almirante de la Armada turca, Piri Reis. Estaban enrollados en una vitirna que contenía objetos de escasa importancia.
Esta noticia no hubiera sido importante, si no fuese porque en los mapas de Reis se veían, precisa y detalladamente dibujados, la costa del occidente africano, América... y la Antártida.
Por cierto que América había sido descubierta por los europeos en 1492, pero el Continente Blanco no fue alcanzado por el Hombre hasta 1772, cuando Cook circunnavegó la Antártida en un viaje de tres años.
Más aún: el mapa turco de Reis muestra la tierra firme antártica, es decir, la masa de roca sólida como sería si no estuviese cubierta de hielos.
¿Cómo fue posible la creación de semejante mapa? Nosotros sabemos de la verdadera forma del continente gracias a las sondas sonoras reflectivas (lo que llamamos sonar), así como los sismógrafos, que nos han ayudado a comprender la configuración real de los continentes. Ambos instrumentos fueron inventados en el siglo XX.
De modo que Piri Reis conocía, en efecto, la forma real de la Antártida. Para ello, él u otro debió conocerla cuando aún era un continente templado y los hielos no la habían invadido. Sin embargo, esto ocurría hace no menos de 10.000 años... En aquellos días, los mayores científicos de la Tierra, según se nos ha enseñado, eran los Cro-magnones, adorando al fuego en las cuevas del norte español...
El profesor Charles H. Hapgood y el matemático Richard W. Strachan han comparado el mapa de Reis con fotografías cartográficas satelitales, y han llegado a la conclusión de que “los modelos de los mapas de Piri Reis tienen que haber sido fotografías obtenidas desde una gran altura en el espacio”. Lo afirman en su libro Maps of the Ancient Sea Kings (Chilton Books, Philadelphia, 1965).
La pregunta, entonces, es: ¿quién era Piri Reis, y cómo consiguió dibujar estos extraordinarios mapas?
Piri Reis es conocido como un héroe para los turcos y un pirata por los europeos. Más allá de que resulte más o menos simpático –dependiendo de quién lo estudie-, Reis era, ante todo, un cartógrafo, un astrónomo y un matemático, hombre de enorme erudición y talento. Ello se demuestra leyendo su libro, Bahrye, donde relata cómo preparó sus mapas. “La elaboración de mapas demanda conocimientos profundos y una capacidad indiscutible”, escribe con inmodestia Piri en su libro.
Descendiente de una tradicional familia de marinos turcos, Reis llevó a cabo numerosas hazañas en el Mediterráneo, siempre al servicio de la marina de su país. En su obra presenta 215 mapas increíblemente detallados de esa zona. En el prefacio de Bahrye, el marino cuenta de dónde sacó la información para elaborar su mapa: “Estudié todas las cartas existentes de las que yo tenía conocimiento, muchas de ellas muy antiguas y secretas, inclusive viejos mapas orientales que yo era el único europeo en conocer”. No podemos asegurar que fueran muy “secretas”, pero, a la luz de los conocimientos geográficos y geológicos actuales, sí podemos certificar que debían ser “muy antiguas”. Visto el planisferio de Reis, los mapas en que se basó no podían ser posteriores a la Glaciación de Würm...
Piri hablaba, además de turco, español, italiano, griego y portugués. Sin embargo, las referencias del mapa están en turco antiguo. Una leyenda, de puño y letra del almirante, al pie del mapa, dice lo siguiente: “Pido disculpas por los posibles errores en esta zona del mapa, que está íntegramente basado en el mapa del Almirante Cristóbal Colón”...
Oops... ¿En el mapa de quién, amigo Piri? “En el mapa del Almirante Colón”...
¿Cómo llegó a poder de Reis ese mapa? Es casi seguro que no conoció a Colón, aunque dibujó el mapa entre el 9 de marzo y el 7 de abril de 1513, tan sólo siete años después de la muerte de Colón. La explicación es santa y simple: Colón dibujó el mapa, y, cuando su tripulación se disolvió, el pergamino quedó en manos de uno de sus oficiales. El hombre se convirtió en marino mercante, y un buen día su buque fue capturado por unos corsarios turcos, al mando de un tal Kemal Reis... el tío de Piri. Kemal le quitó el mapa al español y se lo entregó a su sobrino, uno de los mayores cartógrafos de su tiempo.
Lo cual significa que nuestro amigo Colón disponía de un instrumento cartográfico que mostraba claramente la costa de América a la que se dirigía.
Me parece escuchar las objeciones de los lectores: Piri recibió el mapa de su tío. Tío se lo robó a un marinero español, a quien se lo había regalado Colón. Correcto. Mas: ¿no pudo Colón haber dibujado su mapa después de hacer los viajes? El mapa de Piri Reis, por tanto, ¿es la causa o el efecto de la expedición colombina?
Hay algunos detalles en el mapa de Piri Reis que nos hacen pensar que Colón vino a América guiándose por el mapa. Los enumeraré:
- El mapa de Reis (insistamos incansablemente en que es una copia del de Colón), muestra claramente la costa atlántica de Brasil. Si yo no estoy mal informado, Brasil fue descubierto por Pedro Álvares Cabral en 1500, y los portugueses comenzaron a levantar cartas detalladas de la costa austral de ese país recién en 1516. El mapa de Piri (y el de Colón) son anteriores. Primera conclusión: ni Colón creyó haber llegado a la India, ni los portugueses descubrieron el Brasil en 1500.
- El mapa de Piri Reis muestra detalladamente el Río de la Plata. El río color de león fue descubierto, me han dicho, por Juan Díaz de Solís en 1516, poco antes de convertirse en el almuerzo de los indígenas uruguayos. Tales descubrimiento y subsiguiente ágape se produjeron, según la historia “oficial”, en 1516. El mapa de Reis fue dibujado en 1513 (tres años antes) y el de Colón antes aún.
- El mapa de Reis y el de Colón señalan con toda corrección las costas patagónicas argentinas. Las mismas fueron descubiertas por el portugués Hernando de Magallanes en 1520, siete años después de que Reis copiara el mapa donde Colón ya las había dibujado. Si bien Vespucio navegó cerca de las Malvinas en 1501, no hay indicio alguno de que haya puesto pie en tierras patagónicas, ni mucho menos levantado mapas. Pasó por allí y nada más. Por cierto, ni Vespucio, ni Magallanes, ni Solís escribieron ni hablaron jamás de la Antártida. Pero Colón la dibujó en su mapa, y Reis con él.
- En las costas patagónicas dibujadas por Reis se ven ñandúes. Ni Magallanes ni Vespucio mencionaron nunca a ese animal. En América del Sur hay dibujos de llamas, pumas, yaguaretés. Ninguno de esos animales era conocido por los europeos en 1513.
Don Cristóbal
¿De dónde sacó Colón semejante mapa? Lo ignoramos. ¿Cómo es posible que la costa de la Antártida figure claramente dibujada debajo de los hielos? No lo sabemos. ¿De dónde salieron los conocimientos necesarios para dibujar la carta? No tenemos ni la más ligera idea. Posiblemente nunca lo sepamos.
Pero nos estamos apartando de nuestro tema. El objetivo de este artículo no es especular acerca del mapa de Piri reis, sino tratar de demostrar que Colón sabía lo que estaba haciendo.
El historiador de la Universidad de Oxford Svat Soucek, en su libro Piri Reis and Turkish Mapmaking After Columbus: Studies in the Khalili Collection afirma que es cierto que Reis copió su mapa siguiendo el diseño de uno que había dibujado Colón. Claro que Reis no escribe lo que escribe para darle el crédito al genovés, sino para deslindar responsabilidades y echarle la culpa a él en caso de que su mapa tuviera algún error.
Lo que más me preocupó siempre, cuando los maestros me decían que Colón no sabía a qué distancia estaba “la India” que supuestamente buscaba, era el cálculo de los insumos esenciales que debía embarcar. Los tales insumos esenciales eran tres: alimento, agua potable... y cebollas. Crudas. Las cebollas, el vegetal más abundante en vitamina C, eran imprescindibles para evitar el escorbuto, mortífera enfermedad provocada por la avitaminosis C. Como es obvio, para saber cuánta agua, cuanto alimento y cuántas cebollas tenía que llevar consigo, era imprescindible que Colón supiese qué distancia debía recorrer.
¿Cómo averiguó este dato crítico? Es obvio que para ello tenía que saber que América estaba en el medio, y a cuántas millas.
Hoy sabemos que, previo a su epopeya descubridora, Colón viajó a Islandia. ¿No es algo improbable que los islandeses, descendientes a sólo 400 años de los vikingos de Olaf y Erik el Rojo no le hayan dicho a Colón de sus antiguas y abandonadas factorías y pesquerías en Groenlandia y Vinland, actual costa canadiense, y a qué distancia se encontraban? Sabemos también que entre 1477 y 1482 Colón realizó constantes viajes a Madeira, las Azores y las Canarias. Leyendo el prólogo del documento en que los Reyes Católicos le otorgan el permiso para armar la flota y navegar en su nombre (conocido como Capitulaciones de Santa Fe), se observa que Colón sabe más de lo que dice, y lo atribuye a una “revelación divina”. El tal milagro fueron las palabras de un piloto portugués, que, entre las fechas que señalamos, le explicó a Colón que, en un viaje entre Guinea y Lisboa se había extraviado en una tormenta, y había sido arrojado a las Antillas por los vientos del oeste. Algunos historiadores cuentan la historia al revés: un grupo de indios antillanos en canoas fue obligado a desviarse océano adentro y se encontró con el buque de Colón, de quien hoy sabemos que tenía la costumbre de navergar cientos de millas al oeste de las Azores (es decir, relativamente cerca de América). Como quiera que sea, sabemos que, antes de su descubrimiento, Colón conversó con gentes cuyos antepasados tenían establecimientos en América, y sospechamos que habló con otros que habían estado o habían nacido en América.
El mapa de Piri reis
Se nos ha enseñado que Colón infravaloró la distancia que debía recorrer en el Océano Atlántico. Ya vemos que disponía de un mapa donde se muestran las distancias correctas, y además, tenemos la confirmación empírica de que si esto hubiese sido cierto, las cebollas y el agua se les hubieran terminado en medio del mar, y adiós expedición. Pero seamos más específicos.
Aparte del mapa que inspiró a Reis, de los datos vikingos y del encuentro con el piloto portugués o los indios extraviados, Colón se basó en tres obras para preparar su viaje: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II, la Imago Mundi del sacerdote francés Pierre d’Ailly y la Correspondencia y Mapa del italiano Paolo del Pozo Toscanelli.
Se conservan los ejemplares que pertenecieron a Colón: las dos primeras están cubiertas con 1800 anotaciones al margen de puño y letra del almirante genovés. Sin embargo, la más importante para el tema que nos ocupa es la Correspondencia de Toscanelli.
Toscanelli escribió su correspondencia basándose en datos que había tomado, casi de primera mano, de Marco Polo. Por consiguiente, trataba acerca de Asia.
La obra, bastante ajustada a la realidad, tenía sin embargo una gran falla, que Colón descubrió inmediatamente: estaba errada en el importante dato de la extensión del mar Océano. Toscanelli decía que el mar medía 120 grados, que es el doble de lo que en realidad tiene. Éste es el motivo de que los portugueses rechazaran el proyecto de Colón: ellos seguían a Toscanelli y pensaban que la empresa era un suicidio; la India estaba demasiado lejos como para navegar a ella con rumbo oeste.
Colón sabía (y demostró) que el sabio florentino estaba errado: anunció, antes de partir, que las tierras occidentales estaban a sólo 800 leguas al oeste de las Canarias. Para llegar a esta cifra, tuvo que estudiar el tamaño de la Tierra. Dijo que el grado medía 56 millas árabes y dos tercios, lo que le daba una circunferencia ecuatorial de 20.400 millas, unos 40.000 kilómetros (la medida real del planeta). Está escrito, y demuestra que Colón sabía perfectamente el tamaño de la Tierra y no estaba demasiado equivocado con respecto a la distancia que debería recorrer para llegar a América.
El método de navegación que utilizó Colón le permitía determinar la longitud por estima, esto es, apreciando la distancia recorrida en 24 horas y midiendo el rumbo según el compás. Controlaba luego la altura de la Estrella Polar con cuadrante y plomada, para corregir la estima. Llevaba a bordo una tabla de longitudes en los días de solsticio, lo que lo liberaba de la necesidad de elaborar fórmulas para ello, tabla basada en la cantidad de horas que duraba el día. Ni siquiera la declinación de la aguja magnética era un misterio para Colón. Fue él quien descubrió el fenómeno de la variación de la brújula en distintos puntos de la Tierra.
Agudo conocedor de los vientos y las corrientes, al regreso de América navegó sin vacilar hacia el nordeste en lugar de al este, porque sabía (gracias a los datos que obtuvo en su visita a los escandinavos de Islandia) que al oeste de las Azores prevalecían los vientos del Oeste que lo devolverían a España.
Las cartas de Colón, que también se conservan, tienen indicadas con suma precisión las distancias a recorrer. Por el tema de saber cuántas cebollas necesitaría, ¿recuerda?
Todo ello, sumado, configura un cuadro de situación en el cual difícilmente el Gran Almirante ignorara su destino. Puede demostrarse que dijo a sus tripulantes que no debían preocuparse si no hallaban tierra antes de recorrer 800 leguas. A las 700 (el 6 de octubre de 1492) se le amotinaron. El 10 de octubre cubrieron las 800. Dos días después, llegaron a América.
La infravaloración que, supuestamente, Colón hizo de la distancia se debe, en realidad, a una muestra de su inteligencia: en su primer viaje, llevó dos mediciones de distancia difrenetes. Una de ellas (la infravalorada) para tranquilizar los nervios de su tripulación, y otra (que se conserva) totalmente certera. Les decía que habían navegado menos de lo que habían recorrido en la realidad, porque él sabía que si se le amotinaban antes de las 800 leguas lo obligarían a volver.
Nadie creyó en su proyecto, por la simple razón de que los expertos españoles y portugueses seguían a Toscanelli en su enorme sobredimensionamiento de las distancias. Colón, en cambio, había hablado con los islandeses.
Y, además, poseía un mapa similar al de Piri Reis, donde se ve, sin duda ninguna, dónde y a qué distancia queda América.
Colón, sin dudas, lo sabía.
Queda un última pregunta, que también me ha atormentado desde la infancia: ¿Por qué nuestro continente se llama América (en homenaje a Américo Vespucio) y no “Cristobálica” como hubiese correspondido?
No hay una respuesta sencilla ni inatacable a esta pregunta, pero les dejaré la teoría que sostengo y que queda aún pendiente de demostración.
Ha de ser cierto que Colón era genovés, pero varios indicios y datos históricos sugieren que, además, era judío.
Sus sponsors eran los Reyes Católicos, que, algunos meses después del descubrimiento de Colón, procedieron a la mayor deportación de judíos de la historia, si exceptuamos el holocausto nazi. Echaron u obligaron a la conversión a todos los judíos de España y, cuatro años después, presionados por Isabel de Castilla, los portugueses hicieron otro tanto.
No es absurdo, pues, pensar que los reyes antisemitas no estaban felices de que su futuro imperial se debiera al descubrimiento de un “pérfido judío”, según palabras de la época. De modo que presionaron para que el Descubrimiento se atribuyera a Vespucio, que era católico. Poco les importó que San Pablo y el mismo Cristo fueran judíos, y que el mismísimo Colón hubiera sido ordenado fraile franciscano. Tal vez aquí, en las cebollas, Piri Reis y el antisemitismo de principios del Renacimiento, podamos encontrar las claves de los misterios colombinos que me desvelaron en la infancia.
Realmente es una lastima de esto sea tan interesante pero ke a algunos no les importe, o no tengan ganas de leer