por Shoshuro Keiko el Mar Feb 28, 2006 1:10 am
El Rayocarril de Orien se desplazaba en dirección a la gran ciudad, a la multitud y al anonimato. Keiko miraba a través de la ventaja el paisaje pasar a gran velocidad, eso la perturbaba y casi mareaba. En su mansión y la corte del shogun ella no había conocido nada más veloz que un caballo al galope, pero ella jamás había pasado de un trote elegante de una pequeña yegua en un viaje a una aldea y normalmente en carruajes algo más lentos.
El colosal y alargado transporte logro de Keiko una admiración por las capacidades mágicas y técnicas de los gnomos y los humanos. Al parecer habían ligado a un elemental de aire o fuego a la maquina, no estaba segura por la confusión que le producía el choque cultural y tecnológico. Ni tan siquiera se preocupo por ver si el elemental estaba voluntariamente u obligado, aunque no era algo que a ella le importase.
Tras varias horas de viaje, la joven shuguenja se relajó y recordó su fuga del único hogar que conocía, de verse forzada a escapar de orcos y de sus propios escoltas que a la mínima oportunidad, cumpliendo órdenes de su hermano Yakato, trataron de asesinarla. Lamentablemente, para esos cuatros desgraciados, la lascivia les pudo y al tratar de forzarla la dieron tiempo suficiente para lanzar un conjuro que les hizo entrar en un pesado sueño y el resto solo fue un poco de sangre en su kimono de la garganta de esos cobardes deshonrosos.
Sola, sin mas ayuda que su magia para curar sus heridas y dormir a sus enemigos, y su wakizashi con el que degollaba a sus atacantes cuando caían dormidos avanzo hasta un asentamiento que distaba mucho de lo que siempre había conocido.
Casas pequeñas y pobres junto a edificios de una altura inimaginable, capillas y templos de dioses que no conocía y una aplicación increíble para ella de mecánica y magia. Lo que mas le llamo la atención fue un grupo de gente esperando en una pequeña elevación. Era gente esperando, según ella entendió en principio una diligencia mágica, lo que explicaría que pudiera haber tanta gente para ser transportada.
Lo cierto es que Keiko estaba derrengada, había pasado todo el día caminando y había tenido que gastar todo su poder mágico en defenderse de una banda de forajidos que la tomaron por una chica indefensa. Tras matarlos fue cuando diviso la ciudad, y la shuguenja que había asesinado a su padre, burlado a su hermano y viajado cerca de mil kilómetros no pudo resistirse a un poderoso empujón que la tiro al suelo dejándola inconsciente y con un feo chichón en la sien…
Pd: Sorry los carnavales me entretuvieron.
Pd2: Lucascharliese el dia que no le tires los trastos a lo primero que se mueve igual hasta puede que a lo mejor me acerce a un par de metros.