por Calaberapg el Mié Feb 08, 2006 1:46 am
Eva no seguiras triste no???...
CON ESTO NOS VA A QUEDAR CLARO EL CONCEPTO:
En un pueblo, vivían dos hombres que se llamaban Joaquín González (los
dos).
Uno era sacerdote el otro era taxista. Quiere el destino que los dos
mueran el mismo día.
Entonces llegan al cielo, donde les espera San Pedro, que le pregunta
al primero que se presenta:
- ¿Tu nombre?
- Joaquín González.
- ¿El sacerdote?
- No, no; el taxista.
San Pedro consulta su planilla y dice:
- Bueno, te has ganado el Paraíso. Te corresponden estas túnicas de seda
con hilos de oro y esta vara de oro con incrustaciones de rubíes.
Puedes pasar.
- Gracias, gracias... dice el taxista.
Pasan dos personas más y luego le toca el turno al otro Joaquín, quien
había presenciado la entrada de su paisano.
- ¿Tu nombre?
- Joaquín González.
- ¿El sacerdote, verdad?
- Sí.
- Muy bien hijo mío. Te has ganado el Paraíso. Te corresponde esta bata
de poliéster y esta vara de plástico. El sacerdote, muy sorprendido, le
dice:
- Perdón, no es por presumir, pero... debe haber un error. ¡Yo soy
Joaquín González, el sacerdote!
- Sí hijo mío, te has ganado el Paraíso, te corresponde la bata de...
-¡No, no puede ser! Yo conozco al otro señor, era un taxista, vivía en
mí pueblo y... ¡era un desastre como taxista! Se subía a las aceras,
chocaba todos los días, una vez se estrelló contra una casa, conducía
muy mal, tiraba los postes de alumbrado, se llevaba todo por delante. ¡Y
yo me pasé cincuenta años de mi vida predicando todos los domingos en la
parroquia! ¿Cómo puede ser que a él le toque una túnica con hilos de
oro y vara de platino y a mí esto? ¡Debe haber un error!
- No, no es ningún error, dice San Pedro. Lo que pasa es que aquí en el
cielo ha llegado la globalización con sus nuevos enfoques
administrativos. Nosotros ya no hacemos las evaluaciones como antes.
- ¿Cómo? No entiendo...
- Mira, ahora nos manejamos por objetivos y resultados. Te voy a
explicar tu caso y lo entenderás enseguida: Durante los últimos
cincuenta años, cada vez que tú predicabas, la gente se dormía; pero
cada vez que el taxista conducía, la gente rezaba y se acordaba de Dios.
Entonces, ¿quién vendía más nuestros servicios? Nos interesan los
resultados, hijo mío.
¡¡Re - sul - ta - dos!!
No pongas mas esa carita llorona anda....