por Takahara el Mar Jul 25, 2006 3:22 am
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La primera muestra del horror.
Pasaron dos días después de la primera reunión de la peregrinación. En ese tiempo buscamos comida, libros, remedios, agua potable y arma. Muchos se opusieron a que lleváramos armas, pero los convencimos de que era una forma de mantenernos seguros. Según sabíamos, los que consuman la droga maldita se convertirán en cualquier cosa menos en humanos. Matarán sin mirar a quien, y si esos quienes éramos nosotros, nos íbamos a defender. Fue así como partimos hacia Buenos Aires. Nos turnaríamos para manejar: Primero lo haría Pablo, después Germán, luego yo y por último Marta. Mientras pasamos por las calles me voy despidiendo de cada una de ellas. Adiós San Martín, adiós Pellegrini, adiós Aconcagua, adiós Trelew, la próxima ves que te vea, si es que te vuelvo a ver, serás tierra de nadie. Pero mientras me ponía melancólico, escucho un grito. Le digo a Pablo que vallamos a ver que pasa. Él dobla en dirección hacia el ruido mientras Germán y yo sacamos las armas del bolso. German agarra un 22, y yo una escopeta. Nos detenemos en una esquina y ambos nos bajamos de la camioneta. Me asomo para ver lo que pasa, y me encuentro con la más escalofriante escena de la que se pueda ser testigo. Un hombre, que no debe tener ni 19 años, esta persiguiendo a una señora que carga a su hijo en los brazos, con un cuchillo. En ese momento dejo de vacilar y sin pensarlo me lanzo al ataque. Como los efectos de la droga reducían la movilidad del hombre, no fue difícil atinarle un disparo. La mujer asustada sale corriendo. Aunque trato de llamarla a gritos para que se detenga, esta no aminora la marcha. Germán me dice que no la culpe, que debe estar muy asustada. Luego nos disponemos a analizar el cuerpo sin vida del desgraciado. Su cara presentaba extrañas arrugas, y su piel era muy pálida. Cuando recordamos que Marta y Pablo seguían esperando en la camioneta, volvimos a ella rápidamente. Antes de llegar, me fije que calles eran: Rivadavia y San Martín. Cuando llegamos, nos hicieron subir para que les contáramos todo lo que había pasado. No nos olvidamos de ningún detalle cuando les contamos la situación. Cuando terminamos, Pablo nos hizo notar lo que todavía no habíamos deducido. La droga ya esta en Trelew.