por Lord Athos el Mié Jul 19, 2006 7:12 pm
CAPITULO SEGUNDO
UN COMPAÑERO INESPERADO… E INDESEABLE
Caminando iba por el bosque, cuando divise a lo lejos un troll. Sacando la espada me prepare para pelear, pero el troll me salio medio mano quebrada y dizque se quería unir a mi misión para ayudarme, le dije:
-Ya bueno, puedes venir, pero que me estés metiendo mano o viniendo con maraquerios te hago la vasectomía con mi espada- le dije al gordis.
-¡Hay pero que agresivo! -me respondió el mariposón- no te preocupes, no te voy a hacer nada cariño.
-Mas te vale –respondí escueto, queriendo terminar la charla ahí, al ver el guiñito de ojo que me arrojó el jabalí deforme.
Cuando llegamos a la susodicha torre me di cuenta de que era muy parecida a la de Sauron, solo que con unas tres mil toneladas de piedra menos, y al acercarnos le dije al troll:
-Mejor no te alborotes cochi, que si no nos dejan con la cabeza empalada.
No me hizo caso el engendro, y antes de que pueda empujarlo, salio disparado para la torre
Dando su grito (o más bien alarido) de guerra:
-Te amo Riki Martin!!!!!!!!!!!
Y sobre las almenas, surgieron unos 20 arqueros y lo asaetearon tanto al desgraciado que quedo como bandeja de bocaditos, entonces aprovechando que los arqueros sádicos seguían disparando al cuerpo por pura saña, prepare mi arco, lo cargue con 15 flechas y…
¡ZAZ! No salio ni una…y peor aún: metieron una bulla tremenda, llamando la atención de los arqueros, que me empezaron a disparar flechas al mejor estilo Legolas.
-Por merlín que si no hago algo me dejan igual que al jamón con patas – pensé, y lancé un hechizo para convertir las flechas en paja, pero por desgracia me salio al revés y se convirtieron en lanzas- Santa Cachucha!!!!!!!! -dije agachándome, y debido al susto (y al sancocho de frijoles que me comí durante el desayuno), se me escaparon algunos gases indecorosos, pero me salieron tan fuertes que desviaron las lanzas, mataron a los arqueros, derrumbaron la torre y de paso, tumbaron un buitre que volaba por ahí.
Preocupado de que en adelante me nombraran como: “Athos, el señor de los pedillos” o el “mago explosivo” me encamine rumbo a la torre para ver si habían sobrevivientes, aprovechando para despojar al gordo, pero me di cuenta de que estaba en problemas cuando de repente, una voz extrañamente delicada dijo detrás de mi acompañada del clásico sonido de un arco armándose:
-Mueves un pelo y te dejo como brocheta-
