por lord_alvar el Vie Abr 22, 2005 5:13 pm
joder, mientras estaba pasando esto a limpio (tenia pensado desde casi el principio toda la historia, pero no escrita), tarde tanto que el Empire Strike se me desconecto, y cuando le di a enviar se perdio todo...
por suerte tuve la precaucion de copiarlo antes, asiq ue al final no ha psado nada.
El priemro en entrar en la ciudadela fue el dragon, que, con gran agilidad, plego sus oscuras alas al costado en el preciso momento de pasar la puerta, para desplegarlas instantes despues y elevarse sobre las cabezas del enemigo, situado en una enorme sala circular, cuyo tamaño asemejaba el de la propia montaña (para los menos avispados, dire que la batalla tiene lugar en una sala cabada en la montaña, y no en el patio de un castillo).
Bajo sus crueles garras y su mortifero aliento murieron incesantemente cientos de enemigos sin que nadie pudiese detenerlo.
En mitad del combate vio como sus amigos estaban siendo atacados una vez tras otra, perdiendo terreno y siendo aislados del grueso. En un arranque de furia, se precipito desde lo alto en un vuelo raso, a la vez que los proyectiles de las pepino-lanzaderas pasaban zumbando junto a el, para soltar su destructor aliento a las fuerzas defensoras. Su maniobra tuvo un buen resultado, pero le costo muy cara. Justo despues de lanzar su aliento, pero antes de alzar el vuelo de nuevo, surgio frente a el Lacost, la temible "mascota" del emperador Pijus Magnificus. El dragón no tuvo tiempo de reaccionar y Lacost pudo alcanzarle en plena ala, casi mutilandosela. Un ahullido desgarrador se dejo oir en la sala, rapidamente tapado por el estruendo de la batalla. En un ultimo y doloroso esfuerzo, el dragón se elevo hasta una repisa saliente de la montaña, donde se poso con el ala colgando al costado. De todos es conocida la rapida regeneracion de estos reptiles gigantes, pero la herida era demasiado grave y no tenia tiempo para ocuparse de ella.
Pero aun no estaba vencido. Aun podia usar su aliento y su magia para dar un giro a la batalla.Pero, a la vez que se concentraba en destruir al enemigo (e ignorar el dolor, algo muy dificil), Lacost iva subiendo por las rocosas paredes hasta la repisa en la que se encontraba. Una vez detras de él, lo atacó a traicion mordiendole la espalda.
Otro ahullido que fue tapado por el cruel entrechocar de acero y acero.
Mientras tanto, en la batalla de tierra, el ejercito friki seguia perdiendo terreno. Ya se notava claramente su inferioridad y la inminente derrota. Bejarano, comprendiendo esto, penso que, a pesar de que acabasen todos muertos, el enemigo no debia poseer los friskis del poder. Busco por la sala, a la vez que repartia mamporrazos a diestro y siniestro y la pegajosa sangre escurria por su pepino dorado hasta su mano, algo que hacer con ello. Entonces reparo en el agujero, casi uculto tras un pequeño recoveco. Parecia no tener nada en especial, epro sabia lo suficiente de este mundo como para comprender que no era asi. Se trataba de un pozo sin fondo, creado hace tiempo en los desastres de otra guerra.
Se le ocurrio que, a pesar de morir, el enemigo nunca obtendría los preciados objetos. Tras dedicar unas miradas y señas a sus amigos, salio disparado hacia la pepino-lanzadera mas cercana, a la que ordeno apuntar hacia el agujero. Los compañeros, que aun no habian podido comprender lo que les quiso decir, posiblemente debido a su concentracion necesaria en la batalla, lo comprendieron ahora mientras miraban, asombrados, como se subia en la pepino lanzadera y salia disparado al instante siguiente.
Su "vuelo" fue demasiado fuerte, y no cayo sobre el agujero como tenia pensado (por lo visto, al inicio de la batalla se obligo a ponerse en forma y perdio algo de peso, por lo que erraron sus calculos), sino que paso volando sobre él. Pero tuvo tiempo suficiente para tirar el friski dento del agujero, para ir a caer, delicadamente, sobre el suelo del otro aldo. Sorprendido, miro hacia atras y vio como fist murmuraba unas palabras, "La levitacion" supuso, a la vez que los demas le protegian. Dando las gracias mediante una inclinacion de cabeza (no habia timepo para mas), Salio disparado a atacar al enemigo, pues se encontraba tras el, una direccion por la que no esperaban ningun ataque.
De nuevo en la plataforma, Se desataba una pelea entre bestias. Las zarpas y colmillos se veian por todas partes, seguidas de regueros de sangre. Ya no habia chillidos de dolor, pues pensar en eso significaba la muerte. asi siguio un buen rato, arañazo tras arañazo, mordico tras mordisco, hasta el momento que un ultimo chillido, el de una garganta exalando el ultimo aliento. Seguia escuchandose el frenesi entre chocar de algo duro, tal vez las uños o los colmillos, contra la blanda piel, y el chapoteo de la sangre. Al salir de aquel estado de locura, se alzo una cabeza, ensangrentada su mandibula, de un dragon, que auyo con triunfo. Pero la batalla habia sido dura y el mortalmente herido. En sus ultimos minutos miro hacia abajo, hacia el agujero y vio lo que parecia, enre la perdida absulota de la guerra, a un grupo de guerreros y magos, que avanzaban hacia el agujero.
Tras lanzar el hechizo, Fist y los demas se lanzaron a la carrera hacia el agujero, abriendo brecha en las lineas enemigas, sin preocuparse de mantenerla abierta, pues habian llegado a la conclusion de que no saldrian vivos de auqellos. ¿para que perder tiempo en algo tan inutil?se preguntarian. Al llegar al borde del agujero, lanzaron sus respectivos friskis por este, no sin antes una mirada de temor y lastima.
Desde lo alto, el dragon vio lo que hacian y tambien lo comprendio. Con una de sus garras cogio el Friski Supremo que pendia de su cuello y, con identica mirada que la de los humanos, dejo caer el friski sobre el agujero, a la vez que susurraba las que suponia sus ultimas palabras: "que la vida perdure co nuestars muertes...". Su brazo callo flacido sobre su costado, rozando su mano contra el frio suelo de piedra, a la vez que sus cada vez mas cerrados ojos, seguian la caida del ultimo friski...