por MARIAUNPAJOTE el Dom Abr 16, 2006 6:51 pm
El principio de un final
Todo empezó una tarde donde todo parecía estar bien, pero una noticia hizo que todo cambiase. Mi amiga se echó a llorar nadie sabía que le pasaba hasta que fui a preguntarle. Allí me confesó que la persona más importante de su vida, su novio, se marchaba a Argentina. Yo no sabía consolarla era algo que no me podía imaginar y que no esperaba. Solo sabía que era el principio de un final.
Los días iban pasando y cada vez se notaba más que ese día se iba acercando. No dejábamos de pensar en el día de su despedida no nos hacíamos a la idea de que dentro de poco ya no estaría entre nosotros. Pero desgraciadamente ese día llegó.
Supongo que para el resto del mundo era un domingo cualquiera, pero para nosotros significaba el triste adiós de un gran amigo. Quién nos iba a decir que nos iba a abandonar. Dejando aquí a su pareja, amigos; a su vida. Pues si, el nos pidió que le acompañáramos al aeropuerto, sabíamos que aquello que nos pedía iba a ser muy duro, pero se merecía tener el cariño de sus amigos por última vez, agradeciéndole así, los buenos momentos que nos hizo pasar.
Una vez allí, todos nos sentíamos extraños, hablábamos como si nada de esto estuviera pasando, como si intentáramos evitar que esto pasara, queriendo no ser conscientes de que no volveríamos a verle en muchísimo tiempo.
Llegó el momento, su familia decidió embarcar. Empezamos a subir escalones, deseando que nunca se terminaran para no tener que separarnos de nuestro amigo. Con tan solo unas miradas rompimos a llorar, no hicieron falta las palabras para entender que aquello se acababa. Fuimos despidiéndonos uno a uno, con el corazón echo pedazos. Las palabras que nos dedicó a cada uno de nosotros estarán en nuestras memorias para
siempre. No podíamos creerlo; hacía un par de minutos estaba junto a nosotros y después nos separaba un cristal; ese cristal que solo nos permitía verlo, pero no tocarlo. En aquel momento solo pensabas en atravesar ese dichoso cristal y correr hacia él, pero aquello era imposible, ya era demasiado tarde.
Gran silencio, era lo único que se podía sentir entre nosotros, eso y el dolor de cada una de nuestras almas que sentíamos. Unos eran más fuertes que otros, aguantando así su dolor sin derramar ni una sola lágrima. En el regreso a casa seguía existiendo ese silencio, una radio de fondo donde solo aparecían las canciones más tristes que te hacían entristecer mucho más. Una mirada fija en un punto donde no veías nada, tu mente se quedaba en blanco y solo te venían imágenes de los buenos momentos que pasamos junto a él, de su sonrisa, de algún que otro abrazo o estrechón de manos que ahora nos arrepentimos quizá de no haberlo echo más a menudo. Era imposible quitártelo de la cabeza; mirabas al cielo y solo pensabas en que él estará ahí dentro de unas horas viajando a un lugar muy lejano del cual nos separará un inmenso mar. Un simple calendario de su equipo favorito era otro motivo por el que llorar.
Pero ahora la vida sigue, como siguen pasando los días sin él, y intentamos volver a la normalidad y aunque no esté entre nosotros; quién dice que no sigue en nuestros corazones? Es un sentimiento que los que le queremos de verdad y le echamos en falta no cambiará jamás.
Ahora intentamos ser fuertes por él y por ella. Aunque sus apariencias demuestren que están bien, sus interiores dicen todo lo contrario. Que quizá sus ojos han dejado de llorar pero sus almas no. Ahora solo esperan el día en que puedan verse, abrazarse de nuevo para que se vaya ese dolor, esa soledad que fue lo único que se quedó con ellos. Ella sabe que nos tiene a nosotros, que no está sola pero no es suficiente. Lo que necesita es tener a su lado al niño de sus ojos, aquel que la supo hacer un día tan feliz y que hoy la está matando la maldita distancia.
Ahora lo único que nos queda es esperar, esperar a que los años pasen rápidos y pensar en el día en que volvamos a estar todos juntos.