por Arnastin el Mié Oct 26, 2005 2:01 pm
Gracias amables caballeros. Las aceitunas y el jabalí son manjares para este viejo paladar acostumbrado al pan duro y al carne seca.
Bueno, continuamos bajando por el camino hasta pasar el cruce del camino que sube hacía la puerta sur de Moria. Camino por el que tendríamos que haber venido si los enanos no nos hubieran cerrado el paso días atrás.
Entonces nos cruzamos con dos enanos calvos que subían corriendo hacia las puertas. Les dimos el alto con nuestras lanzas, esta es la única menera de hacer que los enanos se paren ha hablar con uno, y les preguntamos que sucedía en el interior de la montaña.
Kiko y Coto Mataorcos, que así se llamaban los enanos, nos contaron a regañadientes que los orcos habían emepazado a entrar por una grieta que los enanos habían abierto en la montaña. En un principio Durin había optato por cerrar las puertas de Moria y hacer frente el solo a los enanos, pero ahora eran muchos los orcos venidos desde lasprofundidas de las montañas, así que las puertas se habían vuelto a abrir en espera de cualquier ayuda.
-¿Desde cuando los enanos piden ayuda para luchar contra los orcos?, ¿nos estais tomando el pelo?. - Dijo El orgulloso Dagobert de Bree.
-No son solo orcos, hay también muchos trolls y un estraño poer que los acompaña, un poder que hace que los cientos del Cuerno de Plata tiemblen a su paso. No nos sobrará ayuda en la batalla, si accedeis a luchar a nuestro lado Durín os recompensará generosamente.
-¿Generosamente?¿Desde cuando los enanos manejan esa palabra?.- Se burló el viejo Eriberto.
Nos reimos mientras los enanos se alejaban montaña arriba.
Pero, uff, tanto hablar de enanos no me trae si no el recuerdo de su fabulosa cerverza. ¿No creeis que es elmomento de refrescar el buche?